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jueves, 7 de enero de 2016

Querido clavo oxidado:


                Sé que sabes más que de sobra que me tienes en tus manos. Ese fue mi mayor error, demostrarte que tenías el poder de destruirme. Me niego a pensar que lo haces aposta, me  niego a escuchar los “no te valora”, los “para él ya no eres nada”.
                Siempre me sentí tan sola y supiste llenar tan bien ese vacío. Me diste la posibilidad de sentirme humana, valiosa, VIVA… Fuiste el escultor que supo hacer del barro la más bella obra de arte que he visto jamás.
                Y, ¿qué sentido tiene ahora eso?, me anclaste, me sostuviste, y todo eso, ¿para qué?, si ahora…, ahora me mantienes también, pero con esa misma fuerza estás matándome. Eres un clavo oxidado, estás pudriéndome el alma y a la vez eres tan difícil de quitar, contigo no se aplica lo de “Un clavo saca otro clavo”…
                ¿Por qué no acabas de desintegrarte?, ¿por qué te vas y reapareces justo cuando estoy a punto de olvidarte?
                ¡Vete!, te suplico, te ruego que te vayas, que me dejes respirar, que dejes de sostenerme, prefiero el golpe, prefiero luchar por levantarme a que me sostengas mientras intento que no me mandes viva al mundo de los muertos.
                Me masacra tanto que me aconsejen pasar página y tener que aceptar que es lo mejor, siento que se me desprende la piel y deseo con todas mis fuerzas gritar, pero me lo callo y esos gritos internos me atormentan, me persiguen en la noche, en cada fallo me recuerdan que no soy lo suficientemente buena para ti.
                Aun no entiendo las razones, quizá solo era parte de tu juego, quizá no eres tan perfecto como suelo describirte, quizá lo estás disfrutando desde el otro lado, viendo cómo mi suplica camuflada te ruega que vuelvas, que me cojas de la mano, me aprietes fuerte y nunca te vayas.
                He vuelto a estar triste, he vuelto a llorar, ahora me miro en el espejo  y ya no brillo, ahora solo soy un cúmulo de mierda y desequilibrios emocionales.
                No sé si darte las gracias por convertirme en todo lo que hoy soy o escupirte, precisamente por eso. No sirve de nada que me sacaras de un caos para lanzarme a otro peor.
                Nada logra evadirme. El alcohol solo hace efecto por un rato. El papel no logra plasmar lo que siento. Reír ya no funciona, y ¿a quién voy a engañar?, hace años que no río de verdad.

Querido clavo oxidado, déjame respirar.

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